El Partido Revolucionario Institucional (PRI) enfrenta su crisis más profunda en casi un siglo de existencia. Lo que antes era una estructura de acero, hoy es una organización en “hemorragia” constante. Según datos oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE), el tricolor ha perdido alrededor de medio millón de afiliados en apenas dos años, pasando de 1,411,889 militantes en agosto de 2023 a tan solo 911,069 al cierre de 2025.
Esta reducción de un tercio de su padrón histórico no es solo una cifra; es el síntoma de un debilitamiento estructural que pone en entredicho su viabilidad como fuerza política relevante para las elecciones intermedias de 2027.
Un mapa de “desiertos” y “bastiones”
La dirigencia nacional, encabezada por Alejandro “Alito” Moreno, ha atribuido esta desbandada a presiones externas y al “robo” de cuadros por parte de Morena. Sin embargo, el análisis territorial cuenta una historia de abandono y erosión interna:
- Estados en extinción: En entidades como Baja California Sur y Morelos, el PRI es ya una fuerza marginal con menos de 800 militantes registrados.
- Resistencias aisladas: Solo Coahuila (167,400) y Nuevo León (55,749) mantienen una estructura operativa real, aunque insuficiente para compensar el desplome nacional.
El colapso del “Grupo Atlacomulco”: El Edomex en jaque
El Estado de México, el antiguo corazón del poder priista que gobernaron ininterrumpidamente durante 93 años, refleja la tragedia del partido. Tras la derrota ante Delfina Gómez en 2023, el PRI ha sufrido una fuga masiva de alcaldes y liderazgos hacia el proyecto de la Cuarta Transformación.
Actualmente, el PRI controla apenas cinco municipios de los 125 que integran la entidad. Aunque conserva la segunda base militante más grande del estado con 229,977 afiliados, la distancia frente a Morena es abismal: el partido guinda concentra 1.5 millones de militantes en suelo mexiquense.
“El partido está de pie”, afirma la dirigencia estatal bajo Cristina Ruiz Sandoval; no obstante, la fragmentación de la oposición y las desbandadas continuas sugieren lo contrario: un riesgo latente de quedar como una fuerza residual.
¿Hacia la desaparición funcional?
Aunque el PRI aún supera el umbral mínimo del INE para conservar su registro (0.26% del padrón electoral), expertos advierten que el partido transita hacia una “marginalización creciente”. Sin una renovación generacional real o una recuperación de su credibilidad, el otrora partido hegemónico podría convertirse, en un plazo de 5 a 10 años, en un simple recuerdo del viejo régimen.


